Un libro que nos acerca a los intentos de la humanidad por preservar la música y muestra cómo las diferentes formas de hacerlo han incidido en la creación musical.
La música es un arte efímero que existe solo cuando suena. Nuestro empeño por encontrar la forma de hacerla perdurar en el tiempo acaso haya sido casi tan ardiente como el de desvelar el secreto de la vida eterna.
«¿Cómo sería poder escuchar las sonatas de Corelli interpretadas en su época? ¿O las primeras óperas de Monteverdi? ¿O comparar las interpretaciones de las orquestas del siglo XVIII en París, Londres o Mannheim?».
Clara Rico nos invita a imaginarlo en este libro, un viaje por la historia de los soportes y sistemas de escritura musical que han permitido salvar de la desaparición los sonidos cifrados de la historia. Son relatos que ponen el foco en los modos de conservación y difusión de la música, desde la Edad Media hasta la era de YouTube, del París del rey Sol al Storyville de Louis Armstrong, y en cómo estos han sido determinantes no solo en la recepción de la música, sino en la misma creación musical.
Una diversa galería de músicos y compositores (Maddalena Casulana, John Dowland, Vincent Dumestre, Sting, Bach, Zhu Xiao-Mei, Joe King Oliver?), junto con impresores, libretistas, bailarines, tratadistas y archiveros, pueblan este fragmento de memoria de la música en que se reflexiona sobre la fortuna y el olvido de algunas canciones o la evolución de distintos géneros musicales que van desde el madrigal, los airs de cour y la ópera, hasta los sonidos afroamericanos que están en la base de buena parte del jazz del siglo XX; sin olvidar una idea fundamental: que no se trata de lo que existió, sino únicamente de lo que se ha conservado.