Un verso no es una bala que mata.
Un verso es una explosión que revive.
Algo parecido le ocurre al Flamenco.
La soledad es el metal de su armadura.
Se canta a solas delante de la multitud.
La misma que ama.
La misma que teme.
Y quizá por ese vértigo que produce sentirse observado, se cierra los ojos a la vez que se abre la garganta.