El mundo entero cabe en una habitación. Los objetos que descansan en las repisas, los que cuelgan de las paredes o incluso las baldosas del suelo que pisamos hablan de nosotros y de nuestras aspiraciones, pero también son la proyección de la historia más reciente, de su gloria y sus fracasos.
En Luz de paso la imagen de una tostadora abre una brecha en la conciencia de la narradora a las entrañas del mundo en el que vivimos. Y una vez se posan los ojos sobre este abismo es imposible apartar la vista de esa malla tejida con los objetos que nos rodean y el reguero de violencia que han dejado en su camino hasta nuestras casas. Desde las guerras que arrasan países y vidas hasta las minas de extracción de coltán, desde un imán en la nevera hasta la cola de una ardilla; todo forma parte del entramado de nuestra cotidianeidad. Mientras la mirada se detiene sobre cada artefacto, el lenguaje se desboca, salta de uno a otro para trazar las relaciones vertiginosas que unen lo local y lo global, la ternura y la brutalidad. Como si esa velocidad y esa acumulación implacable fuesen lo único que da cuenta de la gravedad de lo descubierto.
Adentrarse en esta luz de paso es rehuir un mundo que «evita decir las cosas como son».
Lara Pawson nació en Londres, ciudad que abandonó a los dieciséis años para mudarse a una remota aldea en el condado de Somerset. También ha vivido en Abiyán, Acra, Bamako o Johannesburgo, donde trabajó como corresponsal de guerra. Ahora vive de nuevo en el norte de Londres, tan cerca del bosque como puede. Luz de paso (Temporal, 2026), que fue finalista del Goldsmiths Prize en 2024, es su tercer libro.