A la agresión occidental a América, como a todas, le acompañó siempre la esclavización de nativos, africanos y asiáticos. Aún en el siglo XIX una compañía española los llevaba del Yucatán a Cuba. Si el mayor afán de los siervos era recobrar la libertad, la opción viable era huir al 80% del continente señoreado por naciones autosuficientes ("sin dios, rey ni ley" según los castellanos), que les acogían dado un elemento primordial de su cultura: la solidaridad y su antagonismo con los colonizadores. Este encuentro dio lugar a las que llamo sociedades cimarronas, donde también hallaron refugio desertores de la marina o la milicia y blancos, en especial mujeres y jóvenes refractarios a las normas represivas imperantes en europa o en las Indias. Según el medio natural pueden considerarse cimarroneras de isla, selva o sabana.